ULTRAMARO

SURREALISMO METAFÍSICO

 

Del 18 al 27 de enero de 2024 en OCCO Art Gallery

Me seduce la idea de pensar que mi pintura es solo una: pasado, presente y futuro.

Antonio Rojas, Madrid 18 de noviembre de 2020

El asunto de la percepción está presente en toda mi obra, así como en la de otros artistas. Es la actitud la que nos define y, a veces, esta elección viene determinada no solo por nuestras habilidades técnico-artísticas sino también por nuestras limitaciones, culturales o de índole intelectual.

El placer de la pintura radica –en parte– en ver, pero también en descubrir y hacer ver a otros. Como artista, en cierto modo, te educas en la tarea de reconducir ese torrente de ideas que nos llegan como emociones buscando el sentido que habría de ser común a los ojos ajenos, alejado de lo estrictamente personal.

En la exposición Después de la imagen reflexiono acerca de las imágenes icónicas de nuestra querida historia del arte, más o menos, reciente. Trato de darles un nuevo sentido, con la renovación necesaria para que alcancen otra lectura actual. Esto es algo que hice partiendo de cualquier imagen, y recortando dentro de ella un décollage de geometrías en blanco donde se establece un nuevo campo de lectura de la imagen, transformada en una composición diferente.

 

 

 

 

El espigón del puerto permanece, y todo a su alrededor es movimiento en torno al día y la noche. Nada sabemos de los significados, desde lejos todo me resulta ajeno… excepto la atmosfera.

El Puerto expectante (2021) no se ha desvanecido aún, tal vez por pertenecer a mi memoria predilecta. Como tampoco lo han hecho las perspectivas de la lonja, ni esa embarcación o bote que sugiere el viaje o el alejamiento del punto de partida. Cuando la memoria se resiste a abandonar el puerto –título de mi reciente exposición en el CAC de Málaga– es la metáfora de mi relación con el lugar de origen, y de cómo este ha influido en el desarrollo de mi trayectoria creativa.

Creo que el modo de alejarse de la melancolía estaría en la búsqueda de lo permanente, y es obvio que la fotografía cotidiana que retiene el tiempo y las fechas está sujeta a ese precepto. Solo en la elaboración minuciosa ideada para durar y tratando de eludir las evidencias del momento podría escapar a la nostalgia. De ahí el grado de exigencia en el acabado de las obras.

OCCO Art Gallery es una galería de arte, situada en Madrid, cuyo objetivo es difundir el arte en España e internacionalmente

La certeza no habría de ser otra que la reconstrucción del paisaje: reinventado, aislando los diferentes elementos ya convertidos en simples formas geométricas, y vuelto a llenar con la atmosfera húmeda y salina que deja adivinar la sólida estructura de la composición de fondo, como algo tangible que aparece tras la niebla.

En La aparición del enigma (2021) es el encuentro por superposición de dos imágenes lo que facilita la aparición del misterio por el encuentro de diferentes elementos, en apariencia fuera de contexto. Lo que se busca, en definitiva, es la eficacia de las imágenes. Uno ha de abrir bien los ojos para, al fin, ver otras luces.

Convencido de la eficacia de las imágenes, observo con un alto grado de abstracción estudiando los espacios vacíos entre elementos, entendiéndolos como ausencias que crean nuevas formas o cuestionan las existentes. Y yo, intento que tomen cuerpo con la mayor naturalidad posible.

No persigo llamar la atención con estridencias exageradas, ni provocaciones de ningún tipo. Todo lo contrario, es un modo amable de presentar lo concebido. Con la apariencia de un lugar donde, pese a los equívocos visuales, el ojo ajeno pueda encontrar la paz en su recorrido y, en definitiva, la pintura resulte seductora en todos sus rincones.

Distancias Cortas (2020) y Aquí y Ahora (2020) son dos obras basadas en la idea del cuadro como espacio de registro de un tiempo presente. Para ello, me sirvo de las fotos que tomo con mi cámara o el móvil de un momento vivido, como resultado de la experiencia de la mirada en tiempo real. Voluntariamente alejado de la melancolía implícita en el trascurrir del tiempo, y apuntando hacia el momento del descubrimiento de la visión de exteriores –hablo de imágenes fotográficas– y del registro al ver por primera vez con la impronta de ese instante. Antes de que esa imagen sea sublimada, o convertida en recuerdo. Construir un armazón con un conjunto de esas fotografías antes de que sea demasiado tarde, antes de que el impulso de la intuición abandone lo que tiene de esencial esa primera impronta. Su irregular forma exterior no solo a acentúa la tensión, sino que potencia dicha obra como objeto, casi escultórico o arquitectónico.

El cuadro al final es el resultado de esa forma de ver, de descubrir, es lo que realmente me interesa, y lo que me acerca a lo esencial. Como resultado, el cuadro genera su particular realidad. Todas las fugas y elementos que confluyen en la estructura del lienzo establecen su forma de relacionarse entre sí, y la inquietud y extrañeza que han de trasmitir esos conjuntos de imágenes dependen directamente de mi propia experiencia perceptiva.

Los resultados solo son aproximaciones a la idea inicial, o ilusiones. El cuadro acaba convirtiéndose en el campo de batalla. Y el lienzo en la superficie donde se registran las huellas, como resultado de la tensión entre diferentes fuerzas que tratan de encontrar el equilibrio en la composición definitiva.

En La persistencia del enigma II (2017) predomina la apariencia ilusionista de la pintura, y por ello he querido desarrollar la composición dando prioridad al cuadro-ventana. Convencido de que el plano es la frontera –o el límite del espacio de representación– y lugar ideal para generar misterio, por todo lo que permite ocultar. Esta obra tiene su origen en una serie de bocetos preparatorios que en 2004 me sirvieron para concebir otra pintura titulada Vocación constructiva.

El encuadre, la fragmentación y la jerarquía de escalas son esenciales para profundizar en la idea de espacio como experiencia humana, entendiendo el lugar donde vivimos como espacio de inmensidad.

Por otro lado, con esta obra y su título, me refiero al mecanismo oculto que produce el misterio en la pintura. La explicación no es necesaria. La pintura es misterio, ya lo dijo Magritte.

La solución del problema plástico se convierte en campo de batalla. El lienzo registra la acción, mostrando y ocultando al mismo tiempo el mecanismo de la idea que lo hizo posible.

Pese a los significados, y conceptos subyacentes, la pintura ha de explicarse por sí misma. De esta forma, la poética de la imagen se dirige preferentemente al ojo, antes que a la interpretación. Y el cuadro se torna un misterio en sí mismo, trascendiendo el mero hecho de la representación.

Sentirse en el centro de un camino trazado, seguramente, de forma intuitiva es una señal de progreso que, en cierto modo, te hace sentir que tienes el control de tu trayectoria.

En pintura, toda acción y movimiento me permiten alejarme de la melancolía.

La representación del espacio es una cuestión fundamental en mí obra. Cómo se relacionan en la superficie del lienzo las diferentes partes con el todo, forzando la visión de trampantojo a modo de collage.

La impaciencia viene determinada por el miedo a perder la magia de una primera visión de la idea. Más tarde, en el proceso de realización, uno ha de intentar que las sucesivas capas de pintura no se impongan alejándonos de la idea inicial.

Una pintura que surge de la experiencia casi siempre secreta. La realidad que persigo está construida de fragmentos múltiples que ahora, en la actual época de la (supuesta) transparencia, sería menos que nunca necesario explicar.

La pintura es un artificio y, como lenguaje, tiene sus propias limitaciones. Me gusta pensar que parte de mi trabajo es una investigación sobre sus propios límites.

Antonio Rojas, Madrid 18 de mayo de 2022

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