EN BUSCA DEL ALMA PERDIDA – IN MEMORIAM

Paseo por el universo visual de Aute

Textos de Carlos Villarrubia sobre su amigo Luis Eduardo Aute. Dedicados a título póstumo.

El fuego sagrado incendia los corazones y apacigua el alma. Laberintos de tinieblas se disipan al dialogar con lo invisible. En acto de amor con el Universo nos entregamos hasta el fondo para autoliquidarnos en la maravilla del hallazgo. Somos búsqueda, somos indicios como en los dedos y las caras de Aute que se cruzan para recuperar el beso adivino, la bondad generadora del origen. Me escribe Eduardo de su puño y letra desde los vuelos transoceánicos. Nos miramos de frente pensamiento a pensamiento, ritmo a ritmo intercambiando noticias sobre imanes de mujer. Enamorados hasta la raíz del ser femenino indagamos entre campanas vaginales, nosotros tan perplejamente pendulares. Y el reloj del silencio convierte la conversación en cuadro, el barro entrañable en escultura y el teatro simultáneo de la vida en viñetas pacientemente ideadas para construir un nuevo intento de cine-cine-cine, que ya sabes Luis que todo en la vida es cine. 

En busca del alma perdida como exploradores sin adminículos de Tapioca guardamos vitaminas de cariño. El amor que vendrá ya es el amor presentido, el hielo del adiós será siempre la confirmación de un amor aún más profundo que se asusta de seguirnos velando en la llama del conocimiento. Entre Cioran y García Calvo, paseando por los lugares propicios para el afecto dibujados por Ángel González, el hombre tendido en la playa de Eduardo Naranjo, la farera Gran Vía de Antonio López ya no se siente en soledad. El niño que miraba el mar observa al maestro en el arte de la ternura mientras por Jorge Juan asoma la mañana de los posibles mañanas. Maldita depresión, terco bajo tono que ronda de cuando en cuando con sus afiladas guadañas por las buhardillas del corazón. Velázquez aporta luz y Goya persiste en desentrañar el sentido de las sombras. Monstruos que se sientan a la mesa en la cita de los enigmas triangulares. Tres, siempre tres, nada que ver con el billar emocional burgués. Tres porque Aute ve el misterio de todo lo cotidiano. Santísima Trinidad de  una Babel que se faja cuerpo a cuerpo en el ring del Universo. Quieres querer y de repente amas y te ves en el autorretrato con los ojos desprendidos esperando el reencuentro con el aventurero que fuimos. Un ramo de viento vuela a posarse en tu ventana desamparada.

Y te mueves en aguas de mujer, en remolinos de turbamulta. Al sexo vas, en su sexo navegas y de su sexo te expulsas a un exterior que nada tiene que ver con Tahití. Gauguin con Stevenson aguarda desde el fin de todos los mundos.Y es posible Albanta, y es abarcable Vailima. Aunque los olmos escolten un rito de agujeros y cipreses, olas gigantes de espuma siguen acercando nuevas vidas a nuestra playa. Queda la música deshojándose de los cuadros de Eduardo. Nos observamos desde la luz de nuestros corazones ahora que el tiempo dejará el paso a lo perenne. Qué fue de Alejandra, Carlos. Y de Lisa-qué bella era, amigo. Claro, maestro, pero las seguimos llevando en todos los hoteles del alma risueña, la que jamás de los jamases se borrará de tu mirada, querido hermano

Transfiguraciones, poemigas disfrutando en modo slowly por Hafa Café. Infinita es la calma cuando bajo las aguas del mar emergen terremotos que remueven hasta sacudirnos de par en par lo que queda de nuestra pereza activa. Repaso los dibujos de Eduardo. Caras que al final se besan  con lengua de fuego y piel de arena en el azúcar de bailones pezones. Eros sagrado que nos lega el mandamiento del respeto, Nada sin la mujer, todo con la mujer. Por ellas, por nuestra más real conexión con la luminosa oscuridad del Universo escribimos, rodamos, pintamos, nos estrellamos para que luego nos remienden las heridas. Aute mojándolo todo desde Quevedo a Picasso, en la educada irreverencia de quien canta las mañanitas susurrando su mágico silabeo al oído de la eternidad amada. Ya nunca más amordazado por la razón el corazón. Ánimo animal, que aún llevamos dentro al rockero callejero que nos ayudó a crecer, maestro. Ánimo que si el cuerpo se desmaya nos revive el alma. Sabes que te quiero, hermano aunque a veces sólo puedas agradecérmelo con el mensaje de la sincrónica sintonía de los habladores silencios. Y del mar que nos aguarda emergen las estatuas, allí nos reencontraremos con los afectos más queridos. Por ti, mis palabras son lágrimas de cariño, garabatos como estrellas fugaces en-tú ya me conoces-mis cien mil cuadernos. Desatamos los nudos y abrazamos el valor estremecedor de la vida que siempre es más vida cuando parece que se escapa de nuestras manos. Y me mira el cuadro que me regalaste como diciéndome Carlitos, sentimental sí pero generando-ya te lo recomendé-tu particular planeta. Pasen y vean el inagotable Universo de mi hermano Eduardo. Sean dalinianos o picassianos, hiperrealistas o figurativos, abstractos o paisajísticos…Todo con el corazón, todo por sentir.

Aute  nos ha dejado en el día de hoy, a los 76 años de edad. Nacido en Manila, Filipinas, el 13 de septiembre de 1943, fue un impresionante músico, poeta, escritor, pintor, escultor y cineasta.  Residía en Madrid desde el año 1954. Si nos remontamos a sus años de colegio, la única asignatura que disfrutaba realmente era la pintura y, desde esa época, comienza a expresarse por este medio sin descanso, incluyo obtiene algún premio. Su comienzo con la música se sucede después de que su padre le regalara una guitarra.

Expuso sus cuadros en Madrid por primera vez en 1960 con bastante éxito, sin dejar de lado la música y formando parte de algunos grupos musicales, incluso participó en el concurso televisivo “Salto a la Fama”.

Su primer guión de cine lo escribe en 1961 y realiza un cortometraje que presenta a un concurso, más otro posterior que es rechazado por inmoral. Escribe su primer libro.

Comienza a estudiar arquitectura en 1963, pero a los pocos días lo deja y se instala en París. Posteriormente vuelve a la ciudad de la luz, y tras algunas exposiciones fuera de España comienza a vender sus obras en Europa y en Estados Unidos.

Empieza a trabajar en el cine como intérprete y ayudante de dirección con famosos cineastas.

Aunque se consideraba pintor, Aute, incursiona en el mundo de la música pensando que era algo meramente temporal. Compone algunas canciones, algunas de las cuales son interpretadas por él o bien por otros, como es el caso de Aleluya nº 1 y Rosas en el mar.  Sigue exponiendo y vendiendo sus pinturas. Mari Trini interpreta dos de sus canciones y Aute deja temporalmente el mundo de la música por lo decepcionante que encuentra ese mundo.

Sigue escribiendo tanto relatos cortos como el guión de “Cibeles” que recibió el premio al mejor corto experimental en el Festival de Cine de San Sebastián en 1969. Compone poemas para distintos libros, escribe y dirige sus propios cortos, a la vez que realiza los carteles para los ciclos de cineastas como Buñuel, Godard…

La RCA publica en 1972 un recopilatorio de las canciones de Aute y en 1973 Rosa León lanza su primer disco, que incluye siete canciones del compositor. En ese momento y ante el éxito obtenido, vuelve al mundo de la música como intérprete con la promesa de absoluta libertad en la creación y la no obligación de intervenir en conciertos ni en programas de televisión. En paralelo, pinta portadas para discos de RCA, EMI, Movieplay y Nevada, así como retratos por encargo.

En 1975, se produce su primera presentación pública en solitario en un festival en el que también participan Victor Manuel, Luis Pastor y las hermanas Rosa y Julia León. En los dos años siguientes,  graba sendos nuevos discos.

Compone las bandas sonoras de varias series de televisión, largometrajes y  piezas teatrales de Fernando Arrabal y Miguel Delibes

Massiel, Ana Belén, Marisol y Rosa León graban canciones de su autoría.

Sigue grabando discos y canta junto a otros famosos artistas.

El largometraje “Un perro llamado dolor” se estrena en 2001 tras cinco años de trabajo. Se trata de una película de animación compuesta por una ingente cantidad de dibujos a lápiz. El largo ve la luz en foma de DVD que se acompaña de un disco con la banda sonora de Aute, Soso Sáiz, Silvio Rodríguez y Moraíto Chico. Ese mismo año, la Fundación Salamanca Ciudad de Cultura le dedica una gran retrospectiva.

En los años siguientes continúa publicando libros, lanzando discos, exponiendo sus obras plásticas en múltiples exposiciones, hasta que en 2016 sufrió un accidente vascular que le hizo anular los conciertos que tenía programados en América Latina y que formaban parte de la celebración de sus cincuenta años en la música. Desde entonces, Aute ha sido homenajeado en múltiples ocasiones.

Carlos Villarrubia se refiere a Luis Eduardo Aute como alguien a quien la fortuna le había hecho conocer y con el que desde el principio de su amistad descubrió muchísimas afinidades e intereses comunes.  Destaca de él su bondad, su humildad y cómo le gustaba cultivar relaciones con personas muy distintas, sin importarle sus creencias religiosas ni sus convicciones políticas. Admiración y cariño inmenso por uno de los creadores más excepcional y polifacético de nuestro tiempo.

Querido Luis Eduardo Aute, en nuestra mente siempre sonarán tus canciones: Aleluya nº1, De alguna manera, Las cuatro y diez, Al alba, Rosas en el mar, Pasaba por aquí, Una de dos, La belleza, No te desnudes todavía, Siento que te estoy perdiendo, Cine, cine…¡Hasta siempre!

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